Me pregunto a veces para qué. Para qué esto, para qué aquello, para qué el blog, para qué el amor o el odio. O también. Para qué escribir un nuevo libro si el mundo está lleno de lindísimos libros. Extiendo la pregunta a mi analista. Su respuesta me deja mudo. Para qué. La pregunta del depresivo, del religioso, del utilitario, del esclavo. Para qué. La pregunta sin respuesta. Y si la hubiera sería tan mezquina como la duda inicial. Cambiemos de tema entonces.
L.
viernes, 17 de febrero de 2012
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Depresivo, religioso o esclavo. Cualquier cosa antes que utilitario.
ResponderSuprimirPreguntarse para qué: tan inútil como inevitable.
ResponderSuprimirJ.
"Nunca te entregues ni te apartes
ResponderSuprimirjunto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo".
José Agustín Goytisolo
¡PARDIEZ! ¡POR BELCEBÚ! Luis, vosvolotros que sois tan inteligentes ¿Olvidasteis lo esencial?
ResponderSuprimirSi no teneis respuestas no os hagais preguntas. ¡ALA!
PD ME TENEIS CANSAO CON LO DEL ROBOT
"¿Para qué?"... ¿para qué el amor, el odio, escribir un libro, hacer el pan, hacer el amor, llorar, reír, hacer films, poner en escena una obra de teatro, recitar poesía, este blog, el mío, viajar?...
ResponderSuprimirPara eso, para seguir preguntándonos 'para qué..." y no morir en el intento.
Vale la pena aún cuando el para qué no encuentre respuesta, ¡y qué bueno que no la encuentre!