miércoles, 15 de febrero de 2012
¿Diablo en el cuerpo?
Es conocida la visión de la mujer como un ser diabólico. Por algo las "brujas" medievales eran quemadas vivas y el imaginario colectivo conserva, increíblemente, esa mirada misógina y sesgada. Leo en un libro dedicado al estudio de la Grecia arcaica una especie de resumen general de esta visión amasada por el tiempo. La mujer era considerada como una diabla presa de sus instintos, emociones incontrolables y pasiones múltiples. La mujer ríe, llora, grita...No razona. En momentos de peligro lo único que hace es gritar y lamentarse. Charla indefinidamente, mira curiosa por la ventana, huye con pretextos, trama engaños diversos. No es de confianza. Es infiel, no cumple su palabra, es arrastrada por su apetencia de comida, vino y sexo. En la antigua Grecia se la veía más próxima a la naturaleza primordial que el hombre. Una y otra vez se la compara con animales como la yegua, la cerda, la perra. Se pensaba que las damas son peligrosas y que por eso había que controlarlas y encerrarlas en el Gineceo como ocurrió con las muchachas de Atenas. Hasta les quitaban las llaves...Pero ni eso alcanzó.
L.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)



Estuve a punto de hacer el chiste fácil.
ResponderSuprimir"Bien valen tus rejas
ResponderSuprimirun descenso a los infiernos".
Aute
"He leído que la inteligencia de las mujeres termina de crecer a los 20 o 25 años. No sé nada de la inteligencia de las mujeres y tampoco me interesa. Pero el espíritu de las muchachas muere a esa edad, más o menos. Pero muere siempre; terminan siendo todas iguales, con un sentido práctico hediondo, con sus necesidades materiales y un deseo ciego y oscuro de parir un hijo. Piénsese en esto y se sabrá por qué no hay grandes artistas mujeres. Y si uno se casa con una muchacha y un día se despierta al lado de una mujer, es posible que comprenda, sin asco, el alma de los violadores de niñas y el cariño baboso de los viejos que esperan con chocolatines en las esquinas de los liceos."
ResponderSuprimirJuan Carlos Onetti