La verdadera vida es secreta. La otra, la que hace falta para sobrevivir, es pública. Buen día señor, buen día señora, buen día doctor. Pero los días que valen son nuestros y no se comparten con nadie. O se comparten con pocas personas. A lo sumo una. A lo sumo dos. ¿A quién le digo que estoy triste? ¿Con quién alivio el deseo? ¿Por qué duele tanto la felicidad? Los otros días, los que hacen falta para sobrevivir, son carteles pegados en esquinas estratégicas de la ciudad. Cuando cae la noche y se acaban los gritos empieza a armarse un mundo dentro del mundo. La prohibida intimidad nos redime y se despliega detrás de las ventanas. Se oye apenas el mar. Se oye apenas el viento. Son instantes brevísimos donde hasta es posible respirar. Eso dura hasta la mañana siguiente, la de hoy, la que hace falta para sobrevivir. Y entonces claro. Y entonces cómo no. Buen día señor, buen día señora, buen día doctor.
L.
viernes, 24 de febrero de 2012
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¡Qué vida ésta!
ResponderSuprimirSi bien la secreta es la sustancial la pública regida por convenciones que pueden gustarme o no es ineludible. Es difícil separarlas. Son para mí complementarias.La íntima, la verdadera, la esencial es la que nutre y sostiene la otra. Mucho de lo profundo de esa vida secreta es el resultado del después de un buen día señor o ese viento que arremolinó mis papeles en el suelo para que alguien me ayudara a recogerlos.
ResponderSuprimirGraciela B