viernes, 17 de febrero de 2012
Desnudos y vestidos
Media humanidad vestida se la pasa contemplando a otra media humanidad desnuda. No hace falta ir a las vidrieras de Holanda para comprobarlo. Lo mismo ocurre diariamente en el periodismo, en Facebook (¿quién no ha mirado las fotos de los perfiles con doble intención?), en el cine y la televisión. Hasta en los museos de arte la asimetría es habitual. Hace unos años, en Berlín, se exhibió en la Neue Nationagalerie una perfomance donde cien mujeres desnudas estaban de pie, inmóviles e indiferentes, expuestas a la mirada de los visitantes. Hombres y mujeres vestidos hasta el cuello las observaban fijamente. También estaban vestidos y uniformados los militares estadounidenses frente al montón de cuerpos desnudos, prisioneros y torturados en la cárcel de Abu Ghraib. El gran público en Buenos Aires llevaba la ropa puesta mientras se relamía viendo en un diario las fotos del cadáver desnudo de la modelo Jazmín de Grazia. La perversión está tan generalizada que da miedo. Es, creo, una señal de época. La intimidad de algunos es un show para los vestidos, los buenos, los que jamás mostrarán sus partes, seguramente dudosas, ante la vista del mundo. Media humanidad vestida mira por el ojo de la cerradura cómo se desviste la otra media humanidad. El desocultamiento físico y espiritual de todos compensaría en parte la injusticia. Pero quién, cuándo, cómo.
L.
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