Paso la mano sobre la sábana que sigue las ondulaciones de su cuerpo aún dormido. La mano sigue la suave irregularidad del terreno, las arrugas de la tela que no son las de la piel tensa y desmayada, casi inmóvil, apenas agitada levemente por la respiración y cierto movimiento autónomo de los pies lejanos. Baja y sube y resbala esa mano sin rumbo ni motivo por una extensión que bien podría ser un campo o, también, la piel del mar, es decir, una superficie con puntas y hondonadas en estado de desesperación. De pronto, porque siempre hay un de pronto, ella despierta de un sueño largo que luego contará entre bostezos pero que ahora se convierte en la unión efímera de dos cuerpos enredados. Hasta la mano desaparece en la confusión como si nada hubiera pasado en el lugar de los hechos.
L.
sábado 21 de enero de 2012
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Momento sublime si los hay.
ResponderSuprimirEs un texto tan lleno de sensaciones que lentamente alcanza esa unión en la que todo desaparece y es sublime aunque efímera. "La piel del mar" es una imagen fantástica.
ResponderSuprimirHermoso texto.
Graciela B
Qué bonito, gracias, Luis.
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