Acabo de leer un lindo poema titulado La oreja verde. Es una oreja especial que tienen algunas personas, jóvenes o viejas, para escuchar a los niños. Qué bien. Me gusta la idea. Escuchar no sólo a los de siempre y nunca. Estar abiertos también a otros lenguajes que nos hablan. Escuchar al mar, a los perros y gatos, a los médanos, a los cuerpos, a los sueños, a los caballos, a nosotros mismos. Nos está faltando una oreja verde, roja, azul o amarilla. Mi instructor de yoga lo resumiría del siguiente modo. Abrir el pecho al mundo.
L.
miércoles, 18 de enero de 2012
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Abrir el pecho al mundo.Me recuerda a Siddharta: ser un hombre abierto al destino. Activar la oreja verde. Descubrir el tercer ojo. Agregaría no ser indiferente. Creo que cuidando el asombro ante la vida podríamos intentar poner en acción ojos, orejas y almas.
ResponderSuprimirGraciela B
Es dificil, es infrecuente, que escuchemos mas alla de las palabras. Regalarse al otro, concentrarse en su mensaje y su lenguaje, decodificar y asumir el rol que nos toca en ese momento de la relacion.
ResponderSuprimirHablar con un niño, con un anciano, con un loco, bajo estas premisas, son experiencias fascinantes.
"Abrir el pecho al mundo" y que entren las balas...
ResponderSuprimirYo puedo hablar con los perros. Nadie me cree.
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