La idea de matarse un domingo a las seis de la tarde resulta, además de inconveniente, demasiado obvia para no decir cursi y de mal gusto. Ese día y esa hora figuran de manera recurrente en los libros clásicos dedicados al tema. La causa, dicen, es que se trata de un momento no amarrado a nada. La gente con predisposición al sacrificio no pasa de las seis de la tarde. Insisto. Hacerlo sería ante todo una falta completa de originalidad. Pero ya que estamos vamos a decir algo más. Un texto célebre de Camus comienza diciendo que el suicidio es el único problema verdaderamente serio de la filosofía. Es así dado que en ese acto se plantea nada menos que la pregunta por el sentido de la vida. Y esa pregunta ya tiene respuesta. La vida, en efecto, es absurda, es decir, no tiene sentido. Camus dice que justamente por eso, porque no tiene sentido, debe ser mejor vivida y más amada y cuidada. Matarse sería darle un contenido del que carece y, encima, clausurar la maravillosa invención que nos propone cada día y cada noche. La vida como invención. Eso sí es perfecto.
L.
domingo, 15 de enero de 2012
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Pero Cioran dice que el suicidio es un acto supremo que -por su perfección-, ofende a los dioses. "En un instante, suprimimos todos los instantes", dice Cioran.
ResponderSuprimirQue se suicide Cioran, si es tan lindo.
ResponderSuprimirAnónimo, no te apures a responder. Ciorán murió hace años. No se suicidó. Ironizaba con el suicidio. Era para él una metáfora. Fue un filósofo notable. Tomate tu tiempo. ¿Qué apuro hay para responder? Pensar un poco. Más lentamente. Averiguar incluso de qué se trata. Quién fue Ciorán. Está en wikipedia. La verdad no es simple. Es compleja. Qué vamos a hacerle.
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