Estar enamorado es exagerar considerablemente las diferencias entre una persona y otra. La frase corresponde a Sigmund Freud y tiene lo suyo. Tampoco habría que tomarla muy en serio. Es cierto que a cinco centímetros todas las mujeres, y los hombres, son esencialmente iguales. Es cierto además que el enamorado exagera. Al menos por un tiempo. Después las aguas vuelven al cauce. Quizás donde se note la diferencia de fondo sea después, es decir, pasada la fase de enamoramiento vibrante. En la vida cotidiana. Cuando hay problemas. Cuando no todo sale bien. Cuando uno evoluciona y el otro no. O cuando intervienen factores ajenos al vínculo. Lo dicho no quita que a veces haya que tensar la cuerda. La vida misma exagera. Y el amor, cuando es amor, es extremo por definición.
L.
miércoles, 11 de enero de 2012
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