El amor es la palabra más convocada y reiterada y la menos entendida de todas. Tanto uso y abuso lleva por lo menos a sospechar de ella. ¿Será todo eso que dicen? O por el contrario, ¿no se tratará de una estafa universal en la que nadie cree pero todos adoran hasta el límite de la locura y la muerte? Imposible responder en un modesto espacio como éste a semejantes preguntas. Todo se relajaría un poco si el amor fuera considerado una praxis, es decir, un acto cotidiano que prueba su validez a cada instante, y no una receta o una teoría a desarrollar. El verbo amar no tiene declinaciones posibles. Más que un nudo es un hueco que cada cual llena como quiere, donde quiere y, sobre todo, cuando puede.
L.
lunes, 31 de octubre de 2011
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