Dar clase es apostar a algo irrealizable. Ese algo está relacionado con una vaga esperanza de modificar actitudes, compartir descubrimientos personales, enriquecer el alma de los alumnos en un sentido virtuoso. Esa fue la utopía tradicional del acto educativo. Hoy el sueño está negado o, al menos, puesto en duda. Los maestros entienden que no pueden cambiar a nadie ni siquiera un poco. Asumen resignados que el mensaje no llega al otro lado por una multiplicidad de razones. Una de ellas puede ser generacional. Incomprensión mutua de etapas diferentes. La otra se relaciona con una grave desconexión tecnológica. Es un triunfo admirable del capitalismo universal haber logrado la ruptura definitiva del puente que alguna vez unió así sea parcialmente a las personas. La pizarra blanca de las aulas ya no tiene poder de seducción. Nada se compara a la oferta infinita de una pantalla de blackberry. Pero el problema trasciende a las prótesis electrónicas. El desinterés enciclopédico que reina en las aulas es ilimitado y deben existir otras razones para generar un cambio tan extraordinario. ¿Qué queda entonces de la pedagogía, de las divinas ciencias de la educación, del sentido sagrado de la transmisión oral? ¿Cómo reconstruir la escuela que ha sido y es bombardeada justamente por quienes dicen defenderla y amarla? Retomando. Dar clase es una apuesta a algo irrealizable. Por ahora no hay opción. Habrá que seguir apostando a lo imposible porque -dice el poeta- de lo posible se sabe demasiado.
L.
L.



¿sera que finalmente la ley del menor esfuerzo encontró el apoyo teórico que necesitaba para darle validez?
ResponderSuprimir¿para que aprender a pensar si en google puedo encontrar las respuestas apenas sabiendo escribir un poco? ¿para que abandonar la mediocridad? si la compu resuelve "todo" ¿sera que a la hora de almorzar o cenar tampoco se puede compartir en la mesa lo del dia porque tenemos que mensajear al eter? y eso tambien es parte de la educacion.
Comparto cada pensamiento de este post. No he encontrado respuesta más que seguir apostando. Arriesgo algunas de las razones que encuentro en este desinterés enciclopédico. Se ha perdido la capacidad de abstracción y el asombro y la sensibilidad es casi un defecto. Creo que pocos podrían permanecer en silencio conociendo el "Otro cielo" a la luz de una lámpara.
ResponderSuprimirGraciela B
Comparto tus palabras, Luis.
ResponderSuprimir"Dar clase es una apuesta a algo irrealizable", sigo apostando a lo imposible porque -a pesar de la realidad que se vive en el aula y en la vida toda- una palabra es un mundo y todavía, algunos jóvenes se atreven a entrar en él.
Un placer leerte.
Comprendo lo que se vive en las aulas pero no comparto eso de que los alumnos pierdan sensibilidad, capacidad de asombro o interés, al menos no en esta forma.Me parece que todos, profesores y alumnos (no solo los más jóvenes aunque sean el blanco perfecto al que apunta el mercado) estamos muchas veces un poco cansados (o mareados¿?)y eso no nos permite saber que el deseo es lo más importante que se puede contagiar en un aula.lo demás es información y si, se consigue en google.
ResponderSuprimirlo triste es ver como el capitalismo ofrece bienes de consumo y nos hace creer que eso es lo que deseamos.un blackberry y demáses promesas de satisfacción.
contagiar digo porque no creo que se pueda enseñar a nadie a cuestionar o reflexionar, más bien se pueden propiciar espacios de encuentro, quizá eso es lo difícil, generar esa necesidad ...
admiro a quienes hacen de sus clases espacios que movilizan y sacan de la comodidad, que invitan a soñar un mundo más justo y amoroso y que devuelven aunque sea por momentos ganas de hacer, pensar y sentir que otra realidad es posible.
no había leido a Noemí.Por ahí va lo que intente en mi comentario, atreverse a entrar, apostar...saludos!
ResponderSuprimir