Dan pena los perros encerrados. Da pena verlos atados con correa y llevados por un paseador a la manera de una manada invisible. Eran libres antes. Eran lobos y dueños del cielo y de la tierra. Ahora sobreviven como pueden en balcones, patios pequeños, cuartos cerrados. Ya no comen liebres desgarradas con los dientes sino alimento envasado. Me cuenta Andrea que hasta no hace mucho, en Colombia, la aparición en la calle de dos perros copulando generaba la ira cruel de la gente. Veían ese acto como una ofensa al pudor cristiano. En resumen. Mataban a palos a ambos animales y de esa manera evitaban el mal ejemplo social. Qué locura. Un perro se monta sobre la cola de una perra sin pensamientos, sin angustia, sin felicidad, sin conciencia. Lo hace apenas siguiendo la ley del instinto. Dan pena los perros. Mi perro. Pirata. De él estoy hablando.
L.
jueves, 22 de septiembre de 2011
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)



Él es Pirata? Está pensativo...como el dueño/amigo? Y como todo pensativo, un poco triste.
ResponderSuprimir"su filosofía de la libertad fue ganar la suya, sin atar a otros y sobre los otros no pasar jamás"
El problema de Pirata, que es el de todos los perros, fue convertirse en el mejor amigo del hombre. Que decepción.
ResponderSuprimirEntonces soltalo.
ResponderSuprimirAclaramos a nuestros visitantes ocasionales o permanentes que los textos de Suspendelviaje no son confesionales ni auto-referentes. Son textos ficcionales o ensayísticos donde lo único que importa es el texto. En el caso de este post no hay perro Pirata, no hay alusiones personales, no hay periodismo ni catarsis ni nada. Es ficción asumida como tal.
ResponderSuprimirL.