viernes, 26 de agosto de 2011
Vivir sin ideas
La idea del amor mata el ejercicio concreto del amor. La idea de la revolución destroza o traiciona revoluciones. La idea de mujer de mi vida (o del hombre de la vida de alguien) fracasa siempre dado que dicho ser no existe ni existirá jamás. Lo mismo podría aplicarse a infinidad de asuntos. Vivir sin ideas no es vivir como tontos, apáticos, grises o indiferentes. Al contrario. Es conectarnos con las cosas directamente y sin juicios previos...hasta donde sea posible. Y, sobre esa base, agotar la experiencia del amor, de la revolución, del hombre, de la mujer, de lo que sea. El sabio no tiene ideas, decían los antiguos chinos. Pero está dispuesto a tenerlas.
L.
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Como se dice: de primera intención y sin prejuicios.
ResponderSuprimirTan cierto. Muy buena reflexión..
ResponderSuprimirCon las ideas siempre tuve problemas, en mis sesenta años creo que fueron dos o tres, no más. Y las rechacé por inconvenientes, malsanas, dañosas para un espíritu libre. Como dice Luis, vivir sin ideas, esa es la consigna.
ResponderSuprimirTengo una posición que me gusta más que vivir sin ideas. Tenerlas pero estar abierto a recibir nuevas para cambiarlas o mejorarlas sin transformarlas en preconceptos que se independicen de lo existente. Vivir abierto al destino como decía Siddharta.
ResponderSuprimirGraciela B