Lo que más perjudica a la moral es ocuparse de la moral. Oímos decir que hay que ser buenos, decentes, puros, fieles a la verdad, solidarios con los marginados. Pero los árboles no dicen que deben ser verdes. O que el tronco debe permanecer erguido. O que los frutos deberían caer verticalmente al suelo. O que hay que dejar que se escuche un susurro de hojas cuando el viento atraviesa el ramaje.
L.
miércoles, 24 de agosto de 2011
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)



Es cierto. A veces decimos demasiado.
ResponderSuprimirla moral, apesta!
ResponderSuprimirHummm... No sé.
ResponderSuprimirEn realidad los árboles no dicen nada de nada. Al menos no dicen en un lenguaje identificable por nosotros.
Si a los hombres se nos dejara al libre albedrío sería el exterminio. Somos egoistas por naturaleza. Como los arboles y todo lo que respira. Si a los hombres no se les reprime ese instinto estaríamos aun más jodidos.
Sobre la moralidad de los árboles habría que preguntarles a la tierra, a la piedra, al agua y al viento.
Abrazo,
Coincido con egk. La capacidad de decidir , el libre albedrío que nos distingue de otros seres vivos sin opción para dirigir sus acciones es lo que marca la diferencia. En Etica a Nicómaco Aristóteles hablaba sobre esta capacidad que tenemos para elegir cómo actuar o reaccionar ante lo que nos ocurre. Si decidimos lo bueno rechazamos lo malo o al contrario.
ResponderSuprimirGraciela B
El "hay que" hay que erradicarlo...
ResponderSuprimirTrabajo en un colegio primario y puedo decir con absoluta certeza (si es que tal cosa existe) que quienes implantan la moral, es decir, los profesores y directivos, son mucho más corruptos que aquellos seres inmorales que deben ser adoctrinados para mantener el (un) orden.
ResponderSuprimirPor supuesto que es necesaria la moral, pero pensemos de qué moral se trata y quiénes la imparten.
Las cualidades no se declaman, se ejercen.
ResponderSuprimir