sábado, 9 de julio de 2011

Y entonces

Y entonces uno quisiera que algunas cosas fueran de otro modo. Y entonces uno se pregunta por qué persisten esas cosas de la manera en que están y no cambian de una maldita vez. ¿No dice o decía una canción que todo cambia? Entonces uno se pone a pensar en las razones por las cuales algunas cosas que deberían transformarse no lo hacen y, en cambio, siguen complicándose. Y entonces uno se pone a pensar en algo lejano e imposible, alguna forma de escape o sueño o salto al vacío. Surge la idea de buscar nuevos caminos que superen a los viejos y cansados caminos de siempre. Pero es inútil escapar al llamado de la sangre. Y uno entiende por fin que los viejos y amados caminos no deberían ser abandonados. Y entonces uno se pone a pensar cómo seguir adelante y cada vez más adelante y más todavía. O, también, en cómo volver sobre los pasos y empezar de nuevo como si nada (nada) hubiera pasado.
L.

2 comentarios:

  1. (el moderador de comentarios dice; "esta historia continuará..." )

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  2. UN POEMA QUE ADORO...

    Si en vez de ser así,
    si las cosas de espaldas (fijas desde los siglos)
    se volviesen de frente
    y las cosas de frente (inmutables)
    volviesen las espaldas,
    y lo diestro viniese a ser siniestro
    y lo izquierdo derecho...
    ¡No sé cómo decirlo!

    Suéñalo
    con un sueño que está detrás del sueño,
    un sueño no soñado todavía,
    al que habría que ir,
    al que hay que ir
    (¡No sé cómo decirlo!)
    como arrancando mil velos de niebla
    y al fin el mismo sueño fuese niebla.

    De todos modos, suéñalo
    en ese mundo, o en éste que nos cerca y nos apaga
    donde las cosas son como son, o como dicen que son
    o como dicen que debieran ser...
    Vendríamos cantando por una misma senda
    y yo abriría los brazos
    y tú abrirías los brazos
    y nos alcanzaríamos.
    Nuestras voces unidad rodarían
    hechas un mismo eco.

    Para vernos felices
    se asomarían todas las estrellas.
    Querría conocernos el arcoiris
    palpándonos con todos sus colores
    y se levantarían las rosas
    para bañarse un poco en nuestra dicha...
    (¡Si pudiera ser como es,
    o como no es... En absoluto diferente!)

    Pero jamás,
    jamás
    ¿Sabes el tamaño de esta palabra:
    Jamás?
    ¿Conoces el sordo gris de esta piedra:
    Jamás?
    ¿Y el ruido que hace
    al caer para siempre en el vacío:
    Jamás?
    No la pronuncies, déjamela.
    (Cuando esté solo yo la diré en voz baja
    suavizada de llanto, así:
    Jamás...)

    EMILIO BALLAGAS

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