lunes, 4 de julio de 2011
Entre los muros
El aula ya es un límite. Cuatro paredes y un techo. Eso por empezar. Después la asimetría de un maestro y sus alumnos. El supuesto dueño del saber. Los que supuestamente carecen de él. También el maestro es un límite. Representa a una generación derrotada. Y los alumnos que traen el viento de la puta calle. Celulares encendidos. La calle marca también una frontera. Entre los muros. Entre los nudos. De pronto como hoy, recién, tener que mandar alumnos a diciembre, es decir, levantar una nueva pared. De pronto, como hoy, tener que soportar portazos, enojos, denuncias de alguno de ellos al rectorado. Permanecer en calma pese a todo. Sostener la pared recién alzada. Sostenerla con una sola mano antes de caer. La sensación de no haber sido escuchado. La convicción de no haber encontrado las palabras justas. El aula es un límite. La vida lo es. Avanzar pese a todo. Sostener una idea por absurda que resulte. El maestro ordena a sus alumnos ingresar a un bosque cuya salida el propio maestro ignora. Recodar el bosque. Recordarlo hasta el fin.
L.
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ResponderSuprimirLuis, sinceramente creo que la experiencia de aprendizaje a tu lado fue intensa y sumamente interesante. Egresé de la facultad de Derecho, probé con un master y dos especializaciones y pocas veces encontré lo que estaba buscando a nivel pedagógico y menos me han tocado en suerte profesores que motiven a pensar hasta que, de testarudo nomás, volví a mi antiguo amor por el periodismo y la escritura.
ResponderSuprimirVengo de una familia en la que la educación es un valor primordial: mi mamá es docente de matemática y siempre admiré la vocación y el sacrificio de profesores como ella o como vos que intentan transmitir algo diferente al saber enciclopédico. Realmente agradezco tu honestidad y coraje, no creo que hayas fracasado. De hecho, siento que aprendí mucho más de lo que imaginaba. A lo mejor, no todos estamos preparados para enfrentarnos a un verdadero docente. O quizás, en el futuro, como en cualquier proceso pedagógico, tus enseñanzas surtan efecto, aún en los casos en que hoy no comprendan que es lo que quisiste transmitir. Fue un placer haber compartido los muros del aula con vos.
P.
Especialmente cuando el profesor tiene su escritorio sobre una tarima. Aun así me encantan las aulas y los bancos del colegio. ¿De quién es la foto?
ResponderSuprimirLas palabras de P, tan eficientes y amigas, me excusan de agregar alguna más.
ResponderSuprimirSiempre los muros encierran, te protegen de la peligrosa vida; La vida està ahi esperando para que cada uno sea autor protagonista de lo que quiera vivir o actor de reparto que el otro ,u otros escribieron.
ResponderSuprimirA mi, las aulas me traen hermosos recuerdos, una sensación de protección, como esos recuerdos de la infancia, " aquí no hay peligro",
ResponderSuprimirUn maestro en quien confiar, creo que esa confianza es necesaria para aprender.
No creo que la asimetría sea necesaria. Creo que es más una convención de nuestra cultura -o importada-. Si se entendiera que tanto los alumnos como los profesores tienen un saber, sea cual fuese, quizá podría construirse mejor el conocimiento. A veces somos los que ponemos los límites, desde los dos lados. Tal vez podrían correrse las paredes o dejar que se caigan, no sé si eso es malo. Y el bosque... supongo que mucha gente ya no quiere entrar por frustración. El método de evaluar, de mandar a exámen, tampoco es el único. Es así en todas las materias, en TEA, en la UBA, y casi no se lo custiona. Por mi parte, tengo la costumbre de caminar aunque esté frustrada. Lo hago sin un celular porque si no me pidieran que lo tenga encima, lo revolearía. Pero admito que si hice dibujos en las clases o me perdí pensando en otra cosa. Hoy siento que podría haber aprovechado más algunas correcciones. Me cuesta salir de algunos errores y no fui lo suficientemente insistente.
ResponderSuprimirC.