jueves, 23 de mayo de 2013

Caracol



¿Y la virgen? La madre Isabel, una monja gorda y morena que abrazaba como si quisiera asfixiar, hizo la pregunta. Ya habían desfilado los pastores, los campesinos, algunos animales. Pero el personaje principal no aparecía. Recuerdo que mi madre se había quedado despierta toda la noche cosiendo el disfraz. La enorme tela azul había adquirido forma gracias a sus manos. Incluso había hecho un bordado brillante para darle un toque místico a la túnica. Sí, recuerdo a mi madre cortando, hilando, suspirando apenas cuando la aguja se enterraba en alguno de sus dedos. Ser la virgen no estaba en mi destino. Al menos no esa virgen muda, estática. Ese maniquí de virgen sometida. Ya habían desfilado los pastores, los campesinos, algunos animales. Pero la virgen que tanto buscaba la madre Isabel estaba en el jardín de la escuela recogiendo flores de manzanilla, viendo por primera vez a un caracol deslizarse por la corteza de un árbol.
Andrea

Los otros



Los otros son siempre un problema. ¿Qué hacer con ellos? ¿Arrasarlos? No parece buen camino. Por lo demás ya fue probado por gobiernos, familias, parejas e individuos. Y no resultó. El arrasamiento o la lisa y llana eliminación de los otros no funciona y deja heridas y culpas terribles. ¿Alojarlos entonces? Podría ser pero poniendo filtros. No hay lugar en la casa o la cama de nadie para alojar a tanta gente. Entre uno y otro extremo, entre negar y aceptar, queda la interesante opción del puente de frágiles cañas. Tender puentes hacia los otros y darles un lugar. Y todo sin olvidar que, en cualquier caso, lo primero es no dañar.
L.

Una gran perturbación


Sueños que en realidad son pesadillas. Una gran perturbación de los protagonistas borrosos. Los vuelos han partido. La letra no se entiende. Una mujer se acerca con intenciones poco claras. Se tocan las narices y las bocas. Todo muy leve, muy raro, muy sin salida. Sueños que en realidad son pesadillas. Y el día recién empieza/recién termina. Acaso la única salvación posible consista en soñar despiertos. De lo contrario seguirán lloviendo muertos sobre la cama desecha. Dice y repite el poeta. Menos tu vientre todo es confuso.
L

martes, 21 de mayo de 2013

Besos a las seis de la mañana

Vivir sin filtro



Vivir sin filtro. Qué lindo sería decir lo que uno realmente piensa sobre la gente, sobre las cosas, sobre el mismo acto de pensar. Subir al colectivo y ver a una mujer hermosa o no tanto y hablarle de amor aunque nada sea cierto. Acariciarla si ella lo permite. Caminar con ella unas cuadras. Invitarla a un hotel. Algo parecido a lo que se ve en esa película titulada, si no me equivoco, el lado luminoso de las cosas. Hablar sin filtro también. ¿Todo bien?, pregunta alguien. No. Todo para el orto, responderle. Y seguir así por la vida. Sin máscaras ni falsedades. Orinar contra el ligustro como el personaje de Carpe Diem, el cuento de Abelardo Castillo, andar desnudos por la vida, porque en realidad todos estamos desnudos bajo la ropa, vivir sin filtro, humo efímero, como esos cigarrillos que matan dulcemente.
L.

Todo inseguro


Los que tienen trabajo y casa propia se sienten seguros y tienen razón en sentirse así. ¿Qué puede pasarles? Tienen una tarjeta magnética colgando de sus polleras o pantalones, la casa siempre está, alguien los está esperando para preguntarles cómo pasaron el día, no hay nubarrones en el horizonte, hay, como se dice, estabilidad. Los que no tenemos trabajo ni casa propia vivimos al borde de un hermoso abismo. Caminamos como borrachos por una cuerda floja que probablemente esté cortada en alguno de sus puntos. La angustia a flor de piel, el frío sin abrigo, la sensación de que todo el edificio va a caer de un momento a otro. ¿Pero quién está seguro en esta vida? ¿Quién no corre riesgos de ninguna especie? ¿Quién puede escapar al desamparo esencial que nada cubre? Menos tu vientre -dice el poeta- todo es oscuro, baldío, turbio.
L.

lunes, 20 de mayo de 2013

El maestro ignorante


La actitud del educador ha de ser la del maestro ignorante que imaginó Jacques Rancière en un libro del mismo nombre. El maestro ignorante. ¿Se trata de un profesor que no sabe nada y comparte su ignorancia con los demás? En absoluto. Sabe y mucho. Pero no lo vomita sobre los alumnos como si fuera un burócrata. Lo introduce de tal modo que gracias a su esfuerzo consigue que el alumnado despierte de un largo bostezo y escuche con la mayor atención y piense algo sobre algo. El buen maestro, además, comparte con los alumnos sus propias dudas, sus angustias, sus momentos de confusión. Pero no por ello abandona su lugar rector al frente de la clase. El maestro da a sus alumnos la orden de entrar a un bosque cuya salida tampoco el maestro conoce. Por último. Todo maestro suelta en el aula un globo de gestos y palabras que deberá dejar volar en el espacio para que los chicos jueguen con él, se lo pasen de mano en mano e incluso lo destruyan si hace falta. Caerán sobre los chicos un montón de papelitos y estrellas de origen ignoto y, de tal modo, entre lúdico y provocador, el acto educativo habrá tenido lugar.
L.

Pureza del pájaro negro


domingo, 19 de mayo de 2013

Espectadores


El mundo está lleno de espectadores y muy pero muy pocos protagonistas. La situación evoca en parte a lo que sucede en un gran estadio de fútbol donde 80 mil personas permanecen atentas antes las evoluciones de apenas 22 individuos o menos si hubo algún expulsado en un equipo. Ser observador no exime de responsabilidad frente a las tragedias cotidianas, ya sean cercanas o lejanas. Al contrario. Todo espectador que ve a un niño en estado crítico, o una situación equis que a todas luces es injusta, o incluso a un miembro de su familia cometiendo un crimen más o menos encubierto, es, fuera de toda discusión, partícipe activo de la que ocurre y ocurrirá tarde o temprano con pequeños grupos de personas o con la humanidad entera. También con la naturaleza y el futuro en general. El simple acto de observar debería ir acompañado al menos de mínimas acciones reparadoras. De no ser así los espectadores que, como se ha dicho, conforman una parte significativa de la sociedad, tendrán que rendir cuentas alguna vez por una mirada, la de ellos, demasiado parecida a la ceguera, la estupidez o la complicidad.
L

sábado, 18 de mayo de 2013

El mar perdido

Tiempo de lluvia


En Buenos Aires llueve y yo no tengo ganas de vivir, corazón. Así no empieza un conocido poema de César Vallejo, un peruano del tan lejano Perú. El poema, en realidad, empieza de otro modo. Esta tarde en Lima llueve y yo no tengo ganas de vivir, corazón. Siempre me gustó ese verso. Especialmente ese. La lluvia unida a la muerte o a la melancolía. Y la palabra corazón que tal vez aluda a una interlocutora que puede entender el mensaje que está recibiendo. O quizás no aluda a nada ni a nadie. En Buenos Aires llueve como nunca. Y yo no tengo ganas de vivir, corazón. No se trata de un sentimiento constructivo. Mucha gente lo borraría de todas las paredes. No propone nada. No adhiere a nada. No resulta para nada alentador. Pero qué lindo. Esta tarde en Lima llueve como nunca. En Lima, en Buenos Aires y en todas las ciudades del mundo.
L. 

Indignados

Algunos critican a los indignados españoles y de otros países. Dicen con razón que su desprecio por la política en general termina beneficiando a lo peor de la democracia. Dicen que la indignación no representa ningún valor transformador y que mejor sería afiliarse a un partido, participar de elecciones cada cuatro años y el resto del tiempo dedicarse a copular, soñar o escuchar quintetos de Mozart. No pienso así. Me considero indignado aun sin tener la menor formación política. Pienso que hay que salir a las calles y dejar atrás las pantallas y a las bandas de canallas. Indignarse ante la injusticia es un primer paso. Y en cuanto a lo que viene después, ¿quién lo sabe?
L.

jueves, 16 de mayo de 2013

Gretel



Esa, la dorada. Parecía más tranquila. Eso creí. La dorada dormía con las patas encogidas, como si tuviera frío. Sus compañeros de jaula, en cambio, mordían el papel periódico y los barrotes desesperadamente. Así que me decidí por la que se parecía más a mi alma. La sacaron, la vacunaron y me la dieron. Gretel, la llamé. O fue mi hermana, ahora que lo pienso, la que le dio ese nombre. Hubo algo en el camino que la transformó. La tranquilidad de Gretel se convirtió en locura. A la semana se intoxicó con un frasco de grafito que encontró en un mueble que solo ella pudo abrir. A los quince días la encontré atrapada por las ramas traicioneras de la planta de curuba. Al mes estuvo a punto de asfixiar con su mandíbula a Mr. Hadock, el loro de mi madre. A mí no me importaba limpiar vómitos, pedirle disculpas a las viejitas que se asustaban con sus ladridos o llevarla al veterinario una y otra vez para que curara las consecuencias de sus raros gustos gastronómicos. Pero mis padres y mis hermanos no pensaban lo mismo. Contraté a una encantadora de perros. Al verla me dio su diagnóstico. Gretel es ansiosa y yo, su dueña, no era vista por ella como la líder de la manada. No me di por vencida. Aprendí a hipnotizarla a punta de galletitas de avena. Y así me habría quedado la vida entera tratando de demostrarle a Gretel que no tenía por qué respetarme, que yo no quería ser líder de nada, y que mientras estuviera a su lado defendería su naturaleza perruna frente a cualquiera que se atreviera a cuestionarla. Pero el mundo es cruel. No soporta a los locos, a los delincuentes y a los perros que simplemente quieren ser perros.  

Andrea

Muy lejos

Qué le han hecho al río, qué le han hecho a los bosques, qué le han hecho a los peces, al mar, a los sueños. Se lo pregunta Serrat en una vieja canción en catalán que parece escrita mañana y escuché recién. ¿Qué le están haciendo a todo en la vida? En este mundo despojado casi de lo principal ya no tenemos seguras ni la entrepierna ni la luz. Serrat lo dice al terminar. Nos han declarado la guerra.
L.

Muy cerca


Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como sí tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua. 

Serrat en catalán


miércoles, 15 de mayo de 2013

Cementerio


No sé de dónde sale la palabra cementerio. Quizás tenga que ver con semen serio o burlón. El semen alude no sólo a lo que alude sino también a la semilla. Nacemos semilla y la vida consiste en volver a serlo hasta desaparecer como un puntito de leche en el cielo. Pero no estoy seguro. Hoy pasé por uno de esos también llamados campos santos. Más precisamente por el cementerio de Chacarita. Ahí fueron enterrados y cremados varios familiares directos que llevan o llevaban mi apellido. Pensé en las cenizas de todos ellos. Quizás estén volando por ahí. Quizás, al pasar con la bicicleta por el gran portón de entrada ellos me vieron con la mejor voluntad de saludarme con la mano invisible. Yo no tuve tiempo. Admito que no me gustan los cementerios. Pero no los niego. Y los respeto. Sé que algo importante de la vida se juega en esos lugares. Debe ser por el semen. O quién sabe por qué.
L.

martes, 14 de mayo de 2013

Viajes


Es conocida la actitud de Paul Eluard respecto de los viajes. Se sabe que dio la vuelta al mundo y regresó de su larga aventura sin un solo souvenir de turista en la maleta. Pero asimismo no produjo ni una sola nota de viajes ni un solo poema que se refiriera a las tierras visitadas, o a sus gentes, y ni una sola anotación en el conocido y tan alabado estilo del diario personal. El autor de Chanson complète consideró acaso que la geografía no alteraba su mundo interior, esa atmósfera hecha de unas pocas palabras que misteriosamente no podía dejar de elegir. Grandes viajeros han eludido el registro de sus movimientos y, sobre todo, el color local. Y si alguno lo hizo, desde Colón y Marco Polo hasta Borges y Truman Capote, fue por razones instrumentales o meramente literarias, esto es, usar tal o cual flor de la distancia para fines completamente ajenos al movimiento físico. Se conoce también la actitud despreciativa hacia los traslados que adoptó Fernando Pessoa, quien enmascarado en Bernardo Soares escribió que viajar es el tedio de lo eterno nuevo, es decir, eso que se ve por primera vez sin posibilidad alguna de incorporarlo y digerirlo. Ninguno de ellos, tampoco Pavese, rechazó el viaje en sí mismo. Pero de algún modo supieron todos que la única experiencia válida es la experiencia interior y que por más lejos que se llegue ningún viajero encontrará nada que no lleve en su alma oscura.
L.

lunes, 13 de mayo de 2013

Claro y profundo

Cabellera dorada y cubierta de flores


No sé si la soñé o la conocí en el mundo de los hechos reales. Eso no importa demasiado ahora. En el sueño o en el mundo, dos versiones de lo mismo, la niña no tan niña se llamaba Milagros del Pilar, Consuelo o María de las Mercedes. Se me apareció de pronto como una virgen no tan virgen con la cabeza llena de flores de todos los colores y me miró como si yo fuera un espejo o un río que hiciera las veces de espejo. Su rostro, en cambio, se veía en riguroso blanco y negro. La niña no tan niña estaba cubierta apenas con un camisón o una túnica de esas que en ciertas ocasiones utilizan las mujeres. No observé en el cuerpo ni el menor rastro de ropa interior más allá de esa tela parecida al papel de calcar o directamente al aire invisible. Le pregunté a la joven si podía introducir mi mano en su escote y tomar con la palma uno de sus pechos redondos. Todo invitaba a hacerlo ya que dos puntas oscuras transparentaban de manera prepotente en la tela apretada. Milagros del Pilar, Consuelo o María de las Mercedes aceptó y yo ya no sabía si estaba sumido en un sueño o en la llamada realidad real. Introduje entonces la mano en el escote de la niña no tan niña pero una especie de tirante metálico me impidió alcanzar el objetivo. La mano quedó como atrapada en un túnel de agua que no desemboca y todo lo que pude ver, una vez más, fue la cabellera dorada y cubierta de flores de todos los colores.
L.

domingo, 12 de mayo de 2013

Muelles de bruma

La mancha


Hace años, asistiendo a un taller de arte, el maestro intuyó mis miedos de principiante y me dijo que no existe nada más inexpresivo y desalentador que la hoja en blanco. Tenés que calentar el papel, me aconsejó. Y fue así, con trazos balbuceantes, que empecé a hacer los primeros trazos. Una noche creí que la obra estaba terminada. No sé si fue una pincelada accidental, el roce de mi propia mano o un rayón involuntario lo que conspiró para que en un segundo se malograra el trabajo de varios meses. Para mi asombro, cuando desconsolado le mostré al maestro lo que había pasado, él me miró casi maravillado. Aprovechá esa mancha plásticamente -dijo-. Incorporala a tu obra. Debió pasar bastante tiempo para que yo entendiera lo que esas pocas palabras encerraban. Ahora pienso que en la mancha se oculta buena parte del secreto de una vida. No comulgo con los que se dedican a ahorrarnos las fatigas y desgarramientos de la existencia. No predico la abstinencia para combatir los peligros del amor. No quiero ver en mi jardín la rosa pura y casta imaginada por Meilland. Pero aún así, en ciertas  noches, no dejo de soñar con ella.
L.

sábado, 11 de mayo de 2013

Lo lleno y lo vacío


Aprendemos con el tiempo a oscilar entre lo lleno y lo vacío, lo implícito y lo explícito, lo pornográfico y lo erótico, la palabra franca y la alusiva. Aprendemos a caminar por el sendero principal pero también por el otro, es decir, el reprimido, el guardado, el recordado apenas, el que nos prohíben o nos prohibimos. No hace falta elegir entre uno y el otro. Por algo tenemos dos piernas, dos manos, dos ojos, dos orejas y tantas otras cosas dobles que no siempre conviene mencionar. Por algo se dice que cada ser es dos y que cada historia cuenta dos historias. Para oscilar entre lo lleno y lo vacío. Y para vivir, de paso, todas las vidas que alcanzan a entrar en una sola.
L. 

El mar del tiempo perdido

viernes, 10 de mayo de 2013

La pureza


La pureza no siempre huele a perfume francés. Tampoco se viste con ropa cara y no siempre va, la pureza, a la misa del domingo. La pureza tiene olor, tiene manchas, tiene avances y también retrocesos. ¡Y sexo! No hay pureza sin sombras deformes. No hay pureza tan pura como sería de imaginar. La pureza es más bien sucia, brutal, impresentable. A veces tiene olor a transpiración en las axilas o entre las piernas. Y no por eso es menos limpia. Y a veces la pureza engaña a quienes dice amar. Es por ello infiel. Y en ocasiones la pureza incluso traiciona y no cumple con sus prístinas promesas. La pureza, ya se ha dicho, no siempre huele a perfume francés.
L.

jueves, 9 de mayo de 2013

Limonada



Un día mi tía me dijo que por ahí no debía pasar. Que si la puerta estaba cerrada algo querría decir. Es una prohibición, me advirtió. Es una tentación, pensé yo. El misterio fue adquiriendo entidad propia hasta convertirse en un habitante más de la casa desgraciada. De todos mis primos la única obsesionada con entrar ahí era yo. Al resto le atraían otras cosas. El loro que gritaba “viva el partido liberal” o el enorme reloj de péndulo que parecía un ataúd. Ante la duda mi tía nos distraía con juegos, helados y limonada. Yo no podía entender. ¿Acaso no se daban cuenta de que había algo en ese lugar? Siempre que podía me alejaba del grupo, subía las escaleras, caminaba despacito por el pasillo y me escondía detrás de una mesa desde donde podía vigilar la puerta cerrada. Nadie, en todo ese tiempo, entró o salió de la habitación. Todos pasaban de largo como si no existiera. Solo una vez vi a mi abuela observar al vuelo ese lugar y echarse la bendición cual si estuviera frente a un altar. Durante muchos años pudo más la obediencia que las ganas de saber. Hasta que un día decidí entrar. Algo vi. No recuerdo bien qué. Ni siquiera estoy segura de si todo eso ocurrió. Si la habitación existía. Si existía la prohibición. El último recuerdo que tengo de la casa es el sabor de la limonada que mi tía nos ofrecía para ayudarnos a olvidar.   
Andrea

miércoles, 8 de mayo de 2013

Vivir sin amos


Uno de los hallazgos más interesantes de Jacques Lacan es haber descubierto una tendencia común que casi todos tenemos destinada a erigir amos en los demás. Todos amos. Todos jefes. Todos dueños hasta de nuestros sueños. No importa quién. Puede ser un superior, un marido, una esposa, un familiar, un vecino, un rey, un militar, un presidente, cualquiera. Lacan dice que nadie es amo de nadie. Dice que en esencia somos libres y que nadie podrá con nosotros a no ser que nos arrodillemos ante esos dioses más alucinados que reales. Por eso algunos identifican el ideario lacaniano con el anarquismo. Ningún poder, ningún templo, ningún altar. Vivir sin amos. Les guste o no a quienes creen serlo o tienen esa secreta aspiración.
L.

martes, 7 de mayo de 2013

Hito XXIV



Queríamos llegar al hito XXIV por el intrincado sendero que se inicia en el Parque Nacional y, rodeando el lago Roca, desemboca en la frontera con Chile. Dificultad media, decía un cartel orientador. Y ni media parecía la dificultad dada la tranquilidad que ofrecían esas enormes alfombras de hojas amarillas, reinas posibles de antiguas primaveras, la casi total imposibilidad de perderse entre la montaña y el agua, todo eso que ya conocíamos de memoria. El hito XXIV en sí mismo, al igual que todas las metas, carece de mayor interés. Es una especie de baliza metálica con inscripciones amorosas, o del estilo yo estuve aquí, de caminantes que van hacia allá sin objetivos claros. Ese debe ser el verdadero fin del mundo o, quién sabe, el comienzo más genuino. Avanzábamos a paso firme durante la larga mañana y parte de la tarde; el oleaje del lago y los crujidos pesados de los troncos, el fuerte viento sobre todo, eran las únicas músicas posibles en semejante situación. Las piernas sin embargo empezaron a flaquear. La mente, la de los dos, se precipitó en una zona especialmente oscura. Nos besábamos cada dos o tres metros como si estuviéramos despidiéndonos o encontrándonos por primera vez. Y todo así hasta que nos perdimos en un escarpado y altísimo roquedal que terminó siendo un pequeño adelanto del infierno. Lo que más nos alertó fue toparnos de pronto con un esqueleto humano, huesos muy blancos gracias al aire congelado, depositado como si tal cosa en una piedra plana. Lo demás no tiene mayor interés. Retomamos el camino, llegamos al hito anhelado y nos sentamos a ver el lago sobre un tronco seguramente volteado el mismo día de la aparición del esqueleto. Volvimos en silencio, sin mucho que agregar a la violencia de las cosas. Volvimos a rezar el conocido mantra y, extenuados, alcanzamos el comienzo del fin o, mejor, el fin del difícil comienzo. Porque donde se ponen los pies desaparecen los caminos.
L.

La partida


lunes, 6 de mayo de 2013

Lugares vacíos


No hay nada en los lugares si no son observados, vividos, sufridos, odiados, amados o amasados. Nada en la silla, la cama, el cubo o la mesa. Nada de nada en ninguna parte. Un lugar empieza a significar algo si se vuelve mito, recuerdo, altar de adoración, indiferencia o rechazo. No hay nada en los hechos en sí. Nada en el objeto, nada en las fotos, nada en la ropa usada por más íntima que sea, fuera o fuese. Ninguna trascendencia en el corazón de la cosa misma. Y la cosa misma es un cero absoluto si no está cargada de humores, olores, sabores, sinsabores, manchas de rara humedad. Nadie huye de lo que no desaparece. Nadie va más allá de su propia sombra. 
L.

domingo, 5 de mayo de 2013

Nuevas reglas

El blog continuará con nuevas reglas. No las conocemos pero vamos a cumplirlas paso a paso. Andrea, que se había borrado calladamente, se comprometió a escribir un posteo todos los jueves del siglo. Yo, por mi parte, voy a seguir escribiendo pero menos y con mayor cuidado en la forma, lo musical, esas cosas. De no hacerlo mis alumnos de talleres y demás van a burlarse como lo hace ahora el Peregrino y tantos otros. Se nos acusa de histéricos, de hacer como que nos vamos sin irnos, de actuar como esos suicidas que se la pasan amenazando al mundo con un disparo en la boca y jamás concretan. O como esas mujeres. O como esos hombres. Ni una cosa ni la otra. Menos textos, mayor calidad en lo posible, participación garantizada, al menos hasta recién, de Andrea y su prosa colombiana. Y eso es todo por hoy.
L.

sábado, 4 de mayo de 2013


Era fácil

Era fácil amarla en los bosques entre caminos sembrados de raíces largas y negras. Resultaba sencillo tocarla de tal modo en la orilla curva del lago parecido a un mar, saltando ramas que crujían como puertas de películas de miedo, perdiéndose incluso y temblando de frío. No había que esforzarse mucho para besarla y olerla con especial dedicación en semejante contexto interrumpido a veces por un zorro de ojos temibles y achinados. O, también, oyendo caer del cielo alaridos desesperados de águilas hambrientas, extraviados los dos a pesar de las cañas amarillas que de tanto en tanto iluminaban el sendero. Tan fácil era amarse en los bosques maltratados por el viento. Sin veneno en los cuerpos o en el aire y hacerlo antes, un poco antes, de que el río inundara el mundo con sus hachas.
L.

jueves, 25 de abril de 2013

Hermoso mientras duró


Hermoso fue este blog mientras duró. La época de los casi trescientos visitantes diarios, las maravillosas aventuras del gato Grusswillis, ya muerto, las historias de amor y desamor, las fotos atrevidas de cuerpos desnudos y ávidos, las eternas provocaciones disparadas contra el conformismo y las ideas dominantes, los concursos literarios, la tormenta de discusiones y la defensa del arte y la filosofía como últimas armas contra la ignorancia en leve ascenso. Ya todo aquello pasó. Fue hermoso este blog mientras duró. Hoy llegan a este espacio unos pocos nostálgicos de las viejas épocas, nosotros entre ellos, como queriendo reproducir la magia inicial, como esas parejas donde ya no pasa nada que tratan de reproducir el encanto de las primeras citas, ya sea pasando la noche en un hotel por horas, o bebiendo champaña a la luz de una vela, o haciendo un viaje de hiel parecido a la luna de empalagosa miel. Pero cuando no pasa nada ni por aquí ni por allá...¿para qué seguir?
L.

Luminosidad

miércoles, 24 de abril de 2013

Lo más costoso


Las cosas gratuitas son las que más cuestan. Cuesta en principio entender que son gratuitas. Cuesta en principio aceptar que son costosas. ¿Y de qué cosas exactamente estamos hablando? Quizás del amor, de la amistad, la dignidad, el deseo, la poesía, el encanto, el acto de soñar despiertos, la toma de conciencia, la culpa, el miedo a perder un amor de verdad. Ninguno de estos "productos" está en venta en los centros comerciales. Nadie come platos de pasiones y desgracias. La muerte es indigesta. El sexo es un misterio. No hay consumo ni compra ni venta posible de las cosas gratuitas. No salva el dinero en este caso. Pero el tema queda planteado para quien lo quiera meditar. Las cosas gratuitas son las que más cuestan.
L.

martes, 23 de abril de 2013

Dudar de todo

Dudar de todo, sí, enigmatizar la vida así sea en parte, un poco al menos, dudar de las medias, del slip, de la bombacha, de los raros corpiños, dudar del vaso y no del agua, podría decirse, de las manchas de humedad en las sábanas usadas ayer, en el amor o la guerra, las sábanas que luego serán colgadas para que el viento, que también duda, no está seguro, seque esos trapos, las medias, el slip, la bombacha, el alma, los raros corpiños que se usaron en tiempos remotos para sostener algo que ahora se cae, se cae y, sobre todo, duda en terminar de caer como, dice el poeta, lentas lágrimas sucias.
L.

Humedad

Para qué leer

Desde los suplementos culturales de los diarios quieren convencernos de que la lectura es buena como entretenimiento, para compartir lindas o terribles historias, para excitarnos sexualmente, para ser más cultos, para tener de qué hablar en los ambientes eruditos y académicos, para conquistar a jóvenes estudiantes de Letras, para olvidarnos del mundo real y entrar de lleno al universo de los sueños. No lo veo así. No lo veo así para nada. Leer es en sí mismo un acto inútil. No es productivo. No genera ganancias (más bien pérdidas), es un ejercicio que a veces resulta abrumador y deprimente. ¿Qué vamos a encontrar en los libros que no sepamos ya por experiencia o por haberlo leído en cualquier otro lado? La pregunta no tiene respuesta así como no la tiene cualquier "para qué" instalado en la mente demente. Leemos porque leemos. Leemos porque no podemos dejar de hacerlo. Leemos para completar eso que a la vida le falta. Pero aún así seguimos incompletos. Y por eso leemos más y todavía más acaso hasta morir leyendo. Bastaría con que el simple y silencioso acto de leer ayudara, como decía Pavese, para compensar en parte, en una mínima parte, las infinitas ofensas de la vida.
L.

El prado de los soñadores

lunes, 22 de abril de 2013

El dedo y la luna

No recuerdo exactamente cómo es o cómo era el famoso proverbio. Pero creo que la idea básica era o es más o menos así. Cuando el sabio señala la luna los imbéciles miran el dedo. No es fácil de interpretar pero voy a intentar algo en esa línea. El sabio sería una persona inquieta, por momentos desesperada, que ya sea por deslumbramiento o por angustia o por lo que sea muestra aquello que podríamos llamar principal. La luna. El sabio se interesa por algo trascendente como es o sería nuestro satélite natural. Los necios no reparan en ese objeto brillante y menguante y a veces oscuro. A los imbéciles solamente les interesa algo tan banal como el dedo que señala. Les importa el medio y no el mensaje. Los necios saben mucho más que el sabio. Este último no tiene ideas. Está dispuesto a tenerlas pero no las tiene. Ahí está la diferencia principal entre los idiotas y el sabio, un hombre desconcertado por definición.
L.

Lo que dijo el médico


Se puso los anteojos y miró atentamente los estudios indicados. Electrocardiograma, sangre, esperma, orina, lágrimas y todo lo demás. Volvió a ponerse los anteojos que no se había sacado y analizó esta vez el ecodopler de vasos. Es una especie de ecografía de las arterias donde puede saberse si uno es feliz o si va a morirse. Finalmente el médico se quitó los lentes y suspiró profundamente. Yo hojeaba una revista como si tal cosa. No dieron bien los análisis, musitó el hombre. Yo lo miré sin interés. ¿En qué sentido?, le pregunté desde lejos. En el sentido de que usted puede sufrir en cualquier momento un infarto, en cualquier momento un ACV, en cualquier momento la tragedia mayor, exageró. Yo seguí hojeando una revista de chimentos donde se veía a una modelo semidesnuda que al parecer le había sido infiel al novio con un productor de televisión. La nota estaba mal escrita pero era entretenida. ¿Me escuchó?, insistió el médico. Yo miré por la ventana. Se había posado ahí un pájaro de plumaje tornasolado. Una especie de aparición que me obligó a cerrar la revista y dejar de escuchar los comentarios profesionales. El ave del paraíso había llegado al fin.
L.

La partida


domingo, 21 de abril de 2013

Transformaciones mudas


Las transformaciones que importan ocurren en silencio y sin que nos demos cuenta. Cuanto más callado es el cambio más sonora es o será la culminación. Esto es algo común en la naturaleza y en nuestra vida. Los los ríos y los vientos tallan en silencio las montañas, el relieve, el paisaje. Algo similar ocurre con el cambio climático. No lo percibimos como tal. No sentimos fácilmente que la tierra se calienta. No alcanzamos a observar el derretimiento de los glaciares. De igual modo no vemos cómo crecen nuestros hijos ni cómo envejecemos. Algunas mujeres de treinta se sorprenden ante su primera cana. Vivimos una separación amorosa como un acontecimiento imprevisto y sin causa. Del amor se ha pasado a la indiferencia y no sabemos cómo. Las modificaciones de fondo no ocurren sino mediante procesos largos, mudos, imperceptibles.
L

La moral


Hay pocas ocupaciones, dijo Me-ti, que perjudiquen tanto la moral de un hombre como el hecho de ocuparse la moral. Oigo decir: hay que se fiel a la verdad, hay que cumplir las promesas, hay que luchar por las buenas causas. Pero los árboles no dicen: hay que ser verde, hay que dejar que los frutos caigan verticalmente al suelo, hay que dejar oír un susurro de hojas cuando el viento atraviesa el ramaje.
L

sábado, 20 de abril de 2013


Bella durmiente

Se ama a una mujer que durmiendo es todavía más linda que despierta. Esa es la prueba de fuego en la cama. Las brujas odiosas revelan el horror justamente cuando duermen. Las hadas, en cambio, muestran su encanto en ese estado intermedio entre la vigilia y el sueño. Es ahí donde las damas desnudan su rostro verdadero. Y es también en ese estado donde lo siniestro asoma sin disfraces. Se ama a una mujer que durmiendo es todavía más hermosa que despierta. Algo muy parecido, para no decir lo mismo, debe ocurrir con las mujeres cuando ven dormir a los hombres junto a ellas.
L.

La verdad


No son del otoño las hojas que salen y caen. Parece pero no son. No hay oro en las hojas amarillas del otoño. Ni siquiera hojas. Tienden en el suelo una piel cuarteada, reseca, una piel cruzada por una tensa nervadura en el centro. Una especie de curva que se abre en  esferas redondas y blandas. Tiernos labios de luz y de sombra. Del otoño son y no son las hojas y ni siquiera interviene la muerte en este juego. No son rojas ni amarillas ni verdes. Carecen de color y de estación. Son manos de vieja las hojas de otoño. Son gotas que caen dibujando círculos hasta llegar al suelo como ropa íntima. Desnudas quedan las ramas del otoño. Y no hay nada que mirar en ellas que no haya sido visto ya. No son del otoño las hojas del cielo. Parece pero no son.
L.  

Quebrada


viernes, 19 de abril de 2013

Lo útil

¿Qué cosa es útil? La pregunta parece tan fácil de responder que resulta sospechosa. ¿Qué cosa es inútil? La pregunta parece tan fácil de responder que, también, resulta sumamente sospechosa. Todos los días repetimos acciones que parecen destinadas a la obtención de algo palpable y real. La búsqueda es larga pero finalmente los objetivos supuestos se alcanzan. Qué bien, decimos. Llegué al fin, decimos. Se acabó el sufrimiento, decimos. Todo lo que hacemos a partir de ese instante parece atado a un perfecto plan que, además, el mundo valora y aplaude. Terminamos de decirlo y miramos alrededor. Temblando lo hacemos. Desamparados, solos, inseguros y, por si fuera poco, más vacíos e inútiles que nunca.
L.

Disponibilidad


Estar disponibles es una manera de estar en el mundo abierto a todas las músicas existentes. La actitud no debe confundirse con una especie de indiferencia, o un todo da lo mismo, o que venga lo que venga. El sabio no tiene ideas, decían los chinos en tiempos remotos. Pero está dispuesto a tenerlas, es decir, está disponible, no adopta un único punto de vista si bien, a la vez y al mismo tiempo, no deja de tenerlo en algún rincón de sí mismo. El sabio está atento al movimiento de todos los vientos. No se cuida de nada. Observa y actúa. Actúa y piensa y observa. Está disponible.
L.

jueves, 18 de abril de 2013

Gente peligrosa

Una persona sin culpa, no hundida en la culpabilidad, no gravemente culpógena, no ahogada en culpas, decía, una persona sin culpa ni escrúpulos de ninguna especie, es una persona de temer. Del mismo modo una persona sin miedo a perder el amor o los amores es también temible. Cosas simples como cuidar el jardín hermoso y efímero, eso que se deshace, podrían salvarnos y salvar el mundo.
L.

Yo no sé lo que se ve

Banalidad del bien



La gente buena es inocente por definición. Lo es a nivel irritante. ¿Pero cómo oponerse a tanta bondad? La opinión pública compra todo lo que los podridos poderes le venden. Donde existen gobiernos con alguna disposición a la justicia social recrudecen las denuncias mediáticas sobre corrupción, fraude electoral o lo que sea. Luego nada se comprueba y los medios ni siquiera se disculpan. Sin embargo esa misma opinión pública se muestra dispuesta a volver a ser engañada infinitamente. En eso se parece a ciertas mujeres y a ciertos hombres que se tapan los ojos ante la gritante infidelidad de sus parejas. Lo hacen con tal de disfrutar hasta el fin de una fingida, aunque algo estúpida, felicidad. La gente buena, también la mala, se ampara en la banalidad que gobierna el mundo. Eso no la salva de su complicidad. Y otra vez Oscar Wilde viene en apoyo a estas ideas sueltas. Suponer que los malvados son causantes de todas las desgracias que afectan al planeta es subestimar a los imbéciles.
L.

miércoles, 17 de abril de 2013

De paseo en el mercado

Volvieron los gatos a los techos vacíos


Volvieron los gatos a los techos vacíos. A gritos volvieron, a llantos, a pedradas. Volvieron en masa los gatos a los techos que hasta ayer poblaba en silencio el pequeño ser. Por él preguntan los gatos que volvieron a los techos vacíos. Por su ausencia incomprensible. Preguntan los gatos que volvieron esta noche por la suerte y el destino del pequeño ser. No aceptan la noticia de la muerte en la esquina. No era de él ese cuerpo congelado con las patas apenas encogidas en el mayor desconcierto. Volvieron los gatos a los techos vacíos y a puro llanto volvieron y a puro grito y a pedradas y a baldes meados por miles y millones de gatos y gatitos desesperados.
L.

Hasta poder vivir sin llanto

Los malos egoístas

Los malos egoístas destruyen el mundo en nombre de sus mezquinas y estúpidas apetencias. Arruinan todo, se apropian de todo, quieren todo para ellos y nada más que para ellos. Contaminan el agua, contaminan el cielo, arruinan las plantas y el amor. Los malos egoístas son, en realidad, muy descuidados consigo mismos. Se diría que no aprendieron el egoísmo de verdad. Porque los buenos egoístas cuidan la tierra, salvan a los niños del peligro, defienden el amor y la naturaleza. Saben, justamente porque son egoístas buenos, que embarrar el piso donde se está parado, a la larga, los perjudica. Pero casi nadie piensa en ésto. Los malos egoístas gobiernan el mundo.
L.